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martes, 10 de diciembre de 2013

Adviento: el valor de la espera


por: Laura Quintero

Cuesta mucho esperar.  En tiempos en que reina la inmediatez y todo lo tenemos al alcance de la mano, ya no comprendemos el sentido de la espera. “¿Esperar para qué?”, podríamos preguntar al recurrir a ese trillado refrán de “la luz de alante es la que alumbra”.  Pero, ¿qué luz es la que tenemos por delante? y, ¿cuán potente es esa luz?  Dos preguntas que, sin duda alguna, nos ayudarían a entender el camino, verdad y vida que estamos construyendo al andar.
El Papa Francisco ha profundizado sobre este tema en su primera encíclica Lumen Dei (pág. 5): “el hombre ha renunciado a la búsqueda de una luz grande, de una verdad grande, y se ha contentado con pequeñas luces que alumbran el instante fugaz, pero que son incapaces de abrir el camino”.  Y más adelante agrega que la luz de la fe tiene la capacidad de iluminar TODA nuestra existencia.

¿Tú crees esto? ¿Crees que Jesús puede hacer todo lo que le pides? ¿Incluso en esas áreas de tu vida que por tanto tiempo has mantenido ocultas en la sombra?  Si realmente lo crees, ¿por qué te cuesta tanto esperar?  Ya sea para ver los frutos de tu esfuerzo, para lograr cambios a tu alrededor, encontrar la pareja sentimental que anhelas o el trabajo donde puedas ganarte el pan, la espera paciente tiene su recompensa cuando se sostiene en el amor y la esperanza. 
La Iglesia fundada por Cristo hace 2,013 años te provee en el adviento un tiempo para meditar y esperar: ¿Cuál luz es la que tenemos por delante? Y, ¿cuán potente es esa luz?
Dice la escritura que unos magos de Oriente se pusieron en camino bajo la luz de una estrella que “iba delante de ellos hasta que se detuvo en el lugar en que estaba el niño”. (Mc 2,9).  Estos magos supieron conocer el origen sobrenatural de esa luz porque, en efecto, “una luz tan potente no puede provenir de nosotros mismos; ha de venir de una fuente más primordial; tiene que venir, en definitiva, de Dios” (Lumen Dei, pág. 6).  Somos capaces de esperar en la medida en que reconocemos que no hay otra fuente más potente y plena, capaz de iluminar toda nuestra existencia. 
Si quieres ser testigo de la luz que ilumina todo el trayecto del camino y toda tu existencia, debes aprender a esperar.  Pero la ventaja de la espera es que se hace presencia al mismo tiempo.  Al proponerte esperar en Dios estás asintiendo a su llegada. Y es ahí - cuando has dicho “sí” a su obra - que se hace presente. Por eso la anunciación fue simultaneamente encarnación porque con cada sí que le das a Dios abres un espacio para la morada del Espíritu Santo. 
Espero que pudas aprovechar este tiempo santo para crecer en intimidad con Dios  y cuestionarte si estás permitiendo que ilumine cada parte de tu vida.  Te garantizo que la espera, aunque tediosa al principio, te llevará al encuentro pleno con el Amor: el verbo encarnado.

Algunos consejos para vivir el Adviento

Adviento significa «presencia», o mejor dicho, «llegada».  La presencia de Dios ya ha comenzado, pero ¿qué puedes hacer tú para hacerla crecer en tu interior, y de tu interior hacia los demás? Aquí compartimos algunos consejos para vivir este tiempo de adviento como uno de preparación para una llegada capaz de revolucionar toda la existencia.  ¡Haz espacio en tu interior, prepárate y comparte!

1.                  Pon la alarma 15 o 20 minutos más temprano para leer la lectura de cada día.
2.                  Medita y cuestiona tu vida a raíz de la Palabra.
3.                  Deja algo que te gusta mucho, pero te distrae o resta tiempo para lo que es verdaderamente importante.
4.                  Haz el sacrificio de ir a misas de aguinaldo.
5.                  Haz algo por alguien sin buscar recompensa. (A veces puede ser dentro de tu misma familia)
6.                  Antes de acostarte, escribe cartas al niño en Belén.
7.                  Si tienes un talento para el arte o la música, prepara algo especial sobre el verdadero sentido de la Navidad.

8.                  Reúne a la familia o comunidad para hacer los misterios gozosos del rosario.

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