Queridos hermanos y hermanas:
En varias oportunidades, he
recordado, en este periodo, la necesidad, para cada cristiano, de encontrar un
tiempo para Dios, para la oración, en medio de las tantas ocupaciones de
nuestras jornadas. El Señor mismo nos ofrece muchas ocasiones para que nos
acordemos de Él. Hoy, quisiera detenerme brevemente sobre uno de estos canales,
que pueden conducirnos a Dios y ayudarnos al encuentro con Él: es la vía de las
expresiones artísticas, parte de aquella ‘via pulchritudinis’, camino de la
belleza, del que he hablado varias veces y que el hombre de hoy debería
recuperar en su significado más profundo.