Queridos
hermanos y hermanas
«Bendito
sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo» (Ef 1,3). Bendito sea en este día
en el que tengo la alegría de estar aquí con vosotros, en el Líbano, para
entregar a los obispos de la región la Exhortación apostólica postsinodal
Ecclesia in Medio Oriente. Agradezco cordialmente a Su Beatitud Bechara Boutros
Raï sus amables palabras de bienvenida. Saludo a los demás patriarcas y obispos
de las iglesias orientales, a los obispos latinos de las regiones vecinas, así
como a los cardenales y obispos procedentes de otros países. Os saludo a todos
con gran afecto, queridos hermanos y hermanas del Líbano, así como a los de los
países de toda esta querida región de Oriente Medio, que han venido para
celebrar, con el Sucesor de Pedro, a Jesucristo crucificado, muerto y
resucitado. Saludo con deferencia también al Presidente de la República y a las
autoridades libanesas, a los responsables y miembros de otras tradiciones
religiosas que han tenido a bien estar presentes aquí esta mañana.
En este
domingo en el que Evangelio nos interroga sobre la verdadera identidad de
Jesús, henos aquí con los discípulos por la senda que conduce a los pueblos de
la región de Cesarea de Filipo. «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mc
8,29), les preguntó Jesús.